Una red invisible: Cómo se integra el suelo pélvico en tu sistema de movimiento y cómo trabajarlo.

¿Alguna vez has sentido un escape de orina al estornudar, correr o coger a tu hijo en brazos? Si es así, probablemente ya hayas oído hablar del suelo pélvico. Y lo más probable también es que alguien te haya dicho: “haz los ejercicios de Kegel”. Pero, ¿y si te dijera que el suelo pélvico es solo una pieza de un puzzle mucho más grande?

El suelo pélvico es un conjunto de estructuras musculares y tendinosas que dan soporte a los órganos pélvicos y abdominales, se encargan de la continencia urinaria y fecal, de la micción de la defecación y de la respuesta sexual.

Entender cómo funciona de verdad esta región de tu cuerpo puede cambiar por completo la forma en que lo cuidas, lo entrenas y lo rehabilitas. Por ello, en este artículo te explicamos cómo se integra el suelo pélvico en tu sistema de movimiento y cómo puedes trabajarlo.

El suelo pélvico no trabaja solo

El suelo pélvico es un conjunto de músculos y tejidos situados en la base de tu pelvis. Su función es vital: sostiene los órganos pélvicos y abdominales, controla la continencia urinaria y fecal, y participa en la respuesta sexual. Hasta aquí, lo que probablemente ya sabías.

Lo que quizás no te han contado es que este grupo muscular forma parte de un sistema de estabilización intrínseca junto con otros tres grandes actores:

  • El transverso profundo del abdomen (ese músculo interior que nadie ve pero que lo sostiene todo)
  • Los multífidos (pequeños músculos profundos de la espalda)
  • El diafragma (sí, el músculo con el que respiras)

 

Estos cuatro trabajan en equipo de forma constante, coordinándose para estabilizar tu columna y gestionar los cambios de presión dentro de tu abdomen. Cada vez que levantas peso, estornudas, toses o simplemente te pones de pie, este sistema entra en acción.

Cuando uno falla, los demás lo notan.

¿Qué puede hacer que este sistema no funcione bien?

En consulta, lo más frecuente no es encontrar un problema aislado, sino varios elementos del sistema que no están funcionando de manera coordinada. Esto puede incluir:

  • Un patrón postural que genera presión excesiva hacia abajo.
  • Un suelo pélvico débil o, al contrario, demasiado rígido (hipertónico).
  • Un diafragma que no se mueve con libertad, limitando la expansión de las costillas.
  • Poca movilidad torácica o lumbar.
  • Un transverso que tarda en activarse mientras los oblicuos trabajan en exceso.
  • Restricciones de movilidad en la cadera.

 

¿El resultado? La presión que se genera dentro del abdomen no se distribuye bien, y tiene que salir por algún sitio. Eso puede manifestarse como escapes de orina ante esfuerzos (al correr, saltar o toser), o incluso en la aparición de hernias inguinales o umbilicales.

¿Sabías que....?

Los ejercicios de estabilización centrados en el suelo pélvico no solo mejoran la incontinencia urinaria de esfuerzo, sino también el dolor lumbar crónico inespecífico en mujeres. El suelo pélvico y la espalda están más conectados de lo que imaginas.

¿Qué hay que trabajar para que el sistema funcione?

Rehabilitar el suelo pélvico de verdad va mucho más allá de contraer y relajar. Para que la recuperación sea funcional y el resultado se note cuando coges a tu hijo del suelo, sales corriendo al autobús o bailas una noche entera, hay que abordar el sistema completo.

La postura y el esquema corporal

Existe lo que llamamos «zona neutra«: una posición de equilibrio en la que tu columna y tu pelvis trabajan sin esfuerzo extra.

Pasar demasiado tiempo fuera de esa zona (ya sea con una hiperlordosis o una postura encorvada) genera una disfunción progresiva.

El control motor lumbo-pélvico

Si el cerebro no coordina bien el movimiento de la zona lumbar y la pelvis, la activación muscular del suelo pélvico también se ve afectada, tanto en calidad como en cantidad.

La respiración

El diafragma y el suelo pélvico se mueven en sincronía. Al inspirar, el diafragma baja y el suelo pélvico desciende ligeramente. Al espirar, ambos ascienden. Cuando esta sincronía se pierde, el sistema entero lo acusa.

La fuerza y la resistencia muscular

No solo la del suelo pélvico, sino también la de todo el núcleo de estabilización.

La movilidad articular

Para que un músculo se active bien, necesita poder moverse en toda su amplitud. La movilidad de cadera, columna lumbar y caja torácica es clave para que el reclutamiento muscular sea eficaz.

Entonces, ¿hay ejercicios prohibidos?

Esta es una de las preguntas que más nos hacen en consulta. Y la respuesta te puede sorprender: no existen ejercicios malos por sí solos.

Ni los abdominales tipo crunch, ni correr, ni saltar. Todo depende de la tolerancia a la carga que tenga tu sistema en este momento.

Lo que sí es fundamental es hacer una valoración individual antes de comenzar cualquier programa. Conocer tu punto de partida, identificar qué partes del sistema están fallando y adaptar el trabajo a tus capacidades actuales es lo que marca la diferencia entre progresar o estancarte.

El objetivo no es evitar el movimiento, sino aprender a gestionarlo.

En Medina Majuelo, el suelo pélvico lo trabajamos como lo que es: un sistema.

Nuestra forma de trabajar parte de una premisa: el suelo pélvico no puede rehabilitarse de forma aislada.

Por eso, en cada proceso de recuperación abordamos este subsistema muscular en su contexto completo, incluyendo también la influencia del aparato digestivo y del sistema inmune.

Trabajamos en equipo, en comunicación constante, y con el foco puesto en que los resultados se trasladen a tu vida real.

¿Quieres saber por dónde empezar? Pide tu valoración inicial y analizamos juntas cómo está funcionando tu sistema.

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SOBRE LA AUTORA

Maite Argote Legazpia | Nº de colegiada 3.994

Fisioterapeuta, especialista en Suelo Pélvico y movimiento. Entiende la rehabilitación desde un enfoque activo, utilizando el ejercicio terapeútico como herramienta clave para devolver la funcionalidad, la fuerza y la confianza a tu cuerpo.

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